Historia de la Casa Daros


Un largo trayecto, que se remonta a casi un siglo y medio, marca el edificio en que está instalada la Casa Daros. Ese símbolo histórico acompañó el crecimiento de la ciudad, fue abrigo para niñas huérfanas y más tarde, escuela.

Calle del Hospicio Pedro II, número 7. Si estuviéramos en 1866, sería éste el nombre de la calle de Casa Daros. Hoy la calle se llama General Severiano. Pero en otros tiempos la alegórica dirección correspondía a la recién inaugurada Fundación de Recogimiento de Huérfanas, en el majestuoso edificio en estilo neoclásico. La institución pertenecía a la Santa Casa de Misericordia de Rio de Janeiro, la más antigua organización filantrópica y hospitalaria de la ciudad.

El Recogimiento de Huérfanas, como lo indica su nombre, tenía la función de albergar niñas sin familia, doncellas y desamparadas. Las hermanas les concedían dotes cuando se casaban y  guiaban la fe de las jóvenes. De esa forma, la Iglesia practicaba su buena acción y aumentaba el número de feligreses. 

Creada el día 15 de septiembre de 1749, gracias a la generosa donación de 32 mil cruzados hecha por el portugués Romão de Matos Duarte, el Recogimiento quedaba al lado de la Santa Casa. Allí mismo funcionaba un hospital, un cementerio, la Iglesia y la Casa de los Expósitos, cuya función era la de cuidar niños abandonados. La Hermandad de Nuestra Señora de la Misericordia lo administraba todo, al amparo de los preceptos cristianos y con el auspicio de la corona portuguesa. 

La hermandad fue fundada en Portugal, en 1498, antes de imaginar siquiera que existiera un lugar llamado Brasil. Allá por 1582 desembarcó en estas tierras. Y fue por obra del Padre José de Anchieta, uno de los jesuitas más importantes de Brasil, que se fundó la Santa Casa de Rio de Janeiro, en las faldas del antiguo “Morro do Castelo” (que significaba “cerro del castillo” y que ya no existe).

El poblamiento de Rio se desplegó desde aquel cerro. La Santa Casa vio el crecimiento de la ciudad y creció con ella. Con el abultamiento urbano, sus instituciones requerían más espacio y nuevas localizaciones. Y el Recogimiento de Huérfanas, tras alguna peregrinación, acabó por instalarse en la calle General Severiano, 159, o como le decían: Calle del Hospicio Pedro II, donde, no de casualidad, quedaba dicho hospicio. 

El edificio era amplio, tenía un patio interno, donde las chicas solían airearse, y muchas habitaciones. Su diseño es obra del renombrado arquitecto Francisco Joaquim Bethencourt da Silva, discípulo de Grandjean de Montigny, y autor de importantes símbolos de la ciudad, tales como el Real Gabinete Portugués de Lectura y la Iglesia Matriz de San Juan Bautista de la Laguna, que queda en la calle Voluntários da Pátria.

El Recogimiento era tan importante que en 1868, a los dos años de su inauguración, Don Pedro II hizo acuñar una medalla conmemorativa con el retrato de su esposa, la Emperatriz Teresa Cristina. Coincidencia o no, la emperatriz llevaba el mismo nombre de la protectora de la institución y era considerada sumamente bondadosa, por lo cual recibió el título de “madre de los brasileños”.

Al tiempo, el concepto de caridad se fue transformando y el Recogimiento de Huérfanas recibió el nombre de Centro Educativo Santa Teresa. Las ‘acogidas’ se convirtieron en ‘alumnas’. Y efectivamente, el que utilizó el edificio durante las últimas décadas del siglo XX hasta el año 2005, fue el Colegio Anglo-Americano.

Un siglo más tarde, el espacio inaugura un tiempo nuevo y asume la misión de seguir acogiendo a alumnos y maestros, ahora por intermedio de la cultura. Y también apreciadores, creadores, curiosos, especialistas y quienquiera que desee entablar contacto con el arte de América Latina y con la historia de Rio de Janeiro. El edificio será totalmente restaurado, y hoy se llama Casa Daros.

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